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jueves, 22 de octubre de 2015

Comentario Express: La última noche, de Teatro El Trueque

Obra: La última noche
Grupo: Teatro El Trueque
¿Dónde la vio? En Teatro El Trueque
¿Cuándo? El sábado 17 de octubre

Por Jenny Giraldo García

Tres hermanos en la sala de una casa, el retrato de una madre muerta, el cadáver del padre yace en su habitación, un cuarto hermano por ahora ausente de la escena. Es La última noche, de Teatro El Trueque, una dramaturgia de José Félix Londoño, inspirada (no basada) en los textos La muerte de un viajante, de Arthur Miller y Adiós a los padres, de Peter Weiss.

Las narrativas teatrales de Londoño tienen, en muchos casos, ese elemento común: el padre ausente. Recuerdo Confesiones de un amor casi posible, basada en Lolita de Nabokov, donde aparece el profesor Humbert, quien es asumido como esa figura de padre-esposo, desatando una edípica –o eléctrica– relación. También está Pasajero a Betania, en la que Gonzalo Arango pretende hacer la ruta de su padre muerto y nos deja conocer los abismos de su relación con él. Y está, por supuesto, la obra en la que de manera más evidente se concreta la acción de “matar al padre”: El ángel de la culpa, de Marco Antonio de la Parra.

No es sorpresa entonces que La última noche, un estreno de 2014 que se reestrena con valiosos cambios en 2015, también contemple ese tópico. Aquí, los protagonistas son los tres hermanos: un artista, un sacerdote y un borracho. Cada uno de ellos expondrá ante el público sus relaciones con el padre y con la madre, dejando ver, a través de tortuosos recuerdos representados en voces, la mezquindad o la generosidad que las atraviesan. Una madre amorosa y complaciente y un padre arrogante y distante marcan profundamente el presente de Antonio, Marcos y Carlos.

Me gustaron particularmente las representaciones de esos recuerdos, la historia e imagen que cada uno construye de sí mismo a partir de las palabras escuchadas, de los gritos, de los calificativos. Tres hermanos que, desde la oscuridad de sus habitaciones, escuchaban las peleas, los insultos, los llantos de una madre abnegada y que hoy, siendo adultos, ponen en relación con los otros sus frustraciones, sus deseos más opacos, la satisfacción –matizada con culpa– que les produce la muerte del progenitor. Me quedó faltando, sí, mayor desarrollo del pasado de ese cuarto hermano, Arturo, que aparece hacia el final de la escena y que devela un final inesperado.

La atmósfera de la obra me transportó hacia El Orfanato (2007), ópera prima del joven director Jorge Alberto Bayona, o hacia Los Otros (2001), la gran película de Alejandro Amenábar, por el color de la escena, su temperatura, presencias fantasmagóricas que se adivinan en el sutil movimiento de una lámpara, un cuadro como el de Carlos ante una silla, con un par de zapatos en sus rodillas, como si fuese a lustrar unos zapatos sin cuerpo que los calcen. Pero, además, ambas películas, como la obra, cuentan una historia desde esa oscuridad en la que pueden tejerse las relaciones familiares, los fantasmas que nos habitan en esas construcciones y las culpas que siempre median en nuestro encuentro entre padres, madres, hijos y hermanos.

martes, 14 de julio de 2015

Sobre “Pasajero a Betania” de Teatro El Trueque

Por José Ricardo Alzate


Elenco: Hamilton Baena, Ana María Otálvaro, José Félix Londoño
Dramaturgia y dirección: José Félix Londoño
Basada en textos de Gonzalo Arango
Iluminación y sonido: Tatiana Restrepo
Producción general: Teatro El Trueque





Si bien Teatro El Truque ha montado una variedad amplia de autores y líneas dramáticas, que van desde Bukowski hasta Carrasquilla, pasando por Wilde y Nabokov, hay una característica común entre todas sus obras: tienen una historia.

“Pasajero a Betania” no es la excepción: plantea un espacio, un tiempo y una narración, que tiene su lógica, desde un inicio, pasando por un nudo, hasta su desenlace, en lo que se conoce como “estructura aristotélica”. Siempre lo he visto en las obras que he podido apreciar de ellos y además valoro profundamente su compromiso de contar historias desde la escena, cosa que hace muy cercano su teatro a todo tipo de públicos.

Gonzalo Arango, con la escritura de su “Manifiesto Nadaísta”, fundaría uno de los movimientos literarios e intelectuales más vanguardistas e influyentes de nuestra historia cultural, imponiendo entre los inconformes de la época la famosa consigna "no dejar una fe intacta ni un ídolo en su sitio". Aunque el fundador del Nadaísmo luego se alejara de éste, siempre se le reconoció su paternidad. Murió a los 44 años en un accidente de auto entre Tunja y Bogotá, por el mes de septiembre de 1976.

Aunque pudimos llegar a pensarlo, “Pasajero a Betania” no se trata de la historia de Gonzalo Arango, sino de una obra construida a partir de sus textos y que lo tienen a él como personaje principal de la trama.

José Félix Londoño, quien además de dirigir y escribir la obra, actúa en el papel de Gonzalo Arango, ofrece una versión muy personal de quien fuera el profeta del Nadaísmo, una interpretación más congraciada con el rol de hijo que con la de incendiario y escandalizador de la sociedad y las buenas costumbres del Medellín de los 60. Creo que esta postura, de un Gonzalo Arango más vulnerable y humano, obedece a que el texto primordial de la obra es precisamente el poema “A mi padre” y desde este, es de donde se desprenden varias vetas que van a desarrollarse, como cuentos sueltos, en la escena.

“Pasajero a Betania” es una pieza teatral que desde su propuesta dramatúrgica da la impresión de querer abarcar una buena cantidad de la obra literaria del personaje, por lo que en ciertos apartes la historia central puede parecer forzada. Muchos de los textos de Gonzalo Arango son solo esbozados, unos pocos desarrollados con más amplitud, lo que ofrece un panorama muy amplio del personaje, que solo profundiza en ciertos aspectos, que son más humanos que literarios, como por ejemplo en la relación con su padre y con el oficio de escribir.

Hay que aclarar que tampoco es una obra sobre el Nadaísmo, más allá del personaje y alguno que otro texto o una breve alusión en el final, la obra trata de otros aspectos de Gonzalo Arango. Con cierto corte tragicómico, un poco de absurdo y de teatro dentro del teatro, “Pasajero a Betania” es un acercamiento básico al personaje de Gonzalo Arango, una especie de homenaje a su memoria, desde una visión muy personal de su director.

Es una pieza de solo tres actores y que, a ojo de productor, parece montada para que pueda ser representada fácilmente en cualquier tipo de lugar. Destaco que cuenta con un manejo muy claro de la iluminación y de los recursos sonoros, que dan cuenta de espacios, separaciones y cambios muy claros entre escenas.

Opinión de la invitada
A esta función me acompañó Sara Manuela Graciano. Ella es estudiante de último semestre de Ciencia política, tiene 20 años y comparto muchas de sus opiniones, a mi modo de ver, muy acertadas sobre esta obra. Esto es lo que piensa sobre “Pasajero a Betania” (ALERTA DE SPOILER):


jueves, 15 de mayo de 2014

Al corazón de Teatro El Trueque


El Teatro El Trueque queda cerca del Teatro Pablo Tobón Uribe y de la Plaza de Flórez. La casa está ocupada por este joven grupo de Medellín desde hace cinco años, pero ella -la casa- parece que nació para ser teatro, pues antes de El Trueque, pasaron por allí el Pequeño Teatro y la Exfanfarria. "Ojalá el fantasma de Freidel habitara esta casa", dice José Félix Londoño, director y actor del grupo. Y una anécdota que no quedó grabada, pero que vale la pena destacar: a Félix le gusta hacer un chance de vez en cuando y alguna vez la suerte lo favoreció y se ganó un dinero que, en buena hora, sirvió para el arriendo de la casa.